miércoles, 2 de julio de 2008

Dª FELISA RODRÍGUEZ: MAESTRA DE NOCEDA

BIOGRAFÍA:

Dª Felisa Rodríguez Álvarez vino a este mundo un 30 de abril de 1912. Simplemente, la fecha en que nació (mediados de primavera) bien podría ser un resumen de su vida: mujer preocupada por todo aquello que surge con fuerza y vitalidad, sobre todo en el mundo de las plantas, pero también en la parcela apasionada de amor a su tierra y a su pueblo. Ella, y su hermana Dª Flor, eran conocidas familiar y coloquialmente como “las Matildes”, en recuerdo a su madre. Poseyeron una amplia parcela, en el Barrio de San Pedro donde tenían casa, edificaron un chalet y rodearon sus viviendas de plantas y un modesto arboreto de diferentes especies. En sentido figurado, dicen que sus posesiones, de algún modo, se bañan en el Río.

Ejercieron su vocación docente en varias poblaciones del Bierzo y su destino final fue el propio Noceda, a la cual se dedicaron con total generosidad. Dª Felisa escribió varios libros, colaboró en publicaciones y se conoce como poetisa, por su especial afinidad y valía hacia el mundo lírico. Su producción poética es, básicamente, un conjunto de poemas y romances que giran entorno a la naturaleza, sentimientos de arraigo a su gente, “patria chica” y a todos los aspectos etnográficos, folklóricos y costumbristas.

Fue colaboradora de la distinguida Revista de Folklore, a cuya dirección estaba D. Joaquín Díaz. Asimismo, realizó trabajos para el medio radiofónico y fue requerida por varias revistas. El Ayuntamiento nocedense le concedió la distinción denominada “la Nuez de Oro”. Le otorgó el honor de “Hija Predilecta de la Villa” y, lo que es significativo, quedó en el corazón de todos aquéllos que la trataron, quedando por un tiempo el apelativo de “las Matildes” para referirse a un Horno, al Museo y a la Residencia de Ancianos “Flor y Felisa”. Era también Titular Académica del Centro “O Jornal de Felgueiras” (Portugal).

RELEVANCIA:

Su labor, además de encomiable, fue fructífera en muchos ámbitos:

- Descubrió con sus alumnos Mosaicos de cierto valor y una pieza de gran proyección: el Ídolo de Noceda. Hasta tal punto fue así que le adjudicaron la Medalla de Plata en las ediciones del programa “Operación Rescate” de los años 1971 y 1973, concienciando a sus discípulos de la trascendencia de respetar y querer su propia historia y rescatar su patrimonio cultural, etnográfico y arqueológico.

- Fue una “poetisa” de las raciales (entendido en sentido positivo): Dª Felisa componía sus versos por una imperiosa e inaplazable urgencia de expresar sus sentimientos, siempre positivos: de admiración, de cariño, de afecto, de generosidad,... Es más, fue una visionaria adelantada a su época y, como buena estudiosa de la materia botánica, manejaba conceptos ecológicos naturales con gran discernimiento. Como libros más citados por los comentaristas están: “Con la Virgen y las flores”, “Por Selvas y Jardines”, “Romances y Leyendas”, “Libros de las Maravillas”, “De pie muere el Arbolado”,...

POETA EN EL BIERZO:

De Dª Felisa, en cuanto a su actividad literaria, cabe una primera apreciación: de alguna manera el medio natural y sus transformaciones impregnan toda su producción.

Como caracteres de su obra son de destacar: su predisposición para generar poemas, un intimismo que “engancha”, unas imágenes bien escogidas y atinadas, metáforas entendibles a nivel popular, un ritmo correcto y respetado escrupulosamente, utilizando “modismos” o dialectismos bercianos de forma mesurada,... Los ideales son reflejados en forma de un culto a la belleza, a lo natural, a la justicia, a la paz, a la bondad y demás principios éticos y morales.

FILANTROPÍA:

Dª Felisa (y su hermana), si en algo impresionaban, era en su desmedida y extraordinaria humanidad. Cedieron su casa, chalet y finca para construir un Centro para los Ancianos, su preocupación por los desvalidos fue constante. Explicaron, en la medida de sus posibilidades, las virtudes de las plantas medicinales que mimaban en su finca. Eran movidas por nobles ideales (los que los hombres prefieren olvidar).

Su contribución a la conservación y auge de las tradiciones y su capacidad pedagógica queda reflejada en esta definición de los filandones: evolución de las reuniones ancestrales en los poblados castreños que fueron imitadas y adaptadas al calor de las hogueras. Se ha de significar que, hasta su desaparición el 7 de septiembre de 1998, buscó el progreso económico y, ante todo, en valores humanos de sus vecinos.

COSTUMBRISMO (BERCIANISMO):


Por no prolongar demasiado, sólo se citarán unos detalles, relevantes, de la obra en prosa “Estampas del Bierzo enigmático”: Carracas y matracas: el pueblo tuvo dos auténticos especialistas en la fabricación de este tipo de “artilugios”, empleados el Sábado Santo para molestar en todo el Bierzo Alto. Se decía que, para disipar las tinieblas, El Jueves y Viernes Santo y en espera de la Resurrección, había que ahuyentar a los espíritus malignos. En Noceda se llama “zarramacos” al carnaval: ello a causa de su vestimenta con ropa “esfalamendrada”, con chambra o blusa, una “cerrona” (bolsa) y con calzado del tipo abarcas, abarqueiros o escarpines.

En El Bierzo, en algunas romerías, se pedían por las casas vino y huevos por parte de la mocedad. Ello, bien agitado y revuelto y mezclado con bastante azúcar, resultaba ser un tónico revitalizante eficiente: el ponche o “ponchada”.

Habría muchas más costumbres a relatar mas, con afán de abreviar, sólo enumerar como hechos que nos hablan de la buena y provechosa labor de Dª Felisa: la invención no segura de la habitual jota de Noceda, su explicación de las “trastadas”que degeneraron hacia bromas tipo venganza, su alusión a las Bodas de entonces (Boda, Tornaboda e, incluso, Tornabodín) y, ante todo, lo que era el gran medio de cohesión social de la época: El Filandón- transmisor de la sabiduría popular por vía oral y elemento de comunicación imprescindible: en tiempos ociosos, que eran estaciones completas como el invierno, mientras los hombres se dedicaban a hacer cestos o “maniegos”, las mujeres empleaban las horas en filar lana o lino provistas de rueca y fuso.

Y es que, al finalizar la cena, la reunión para la velada era de obligado cumplimiento: todos los concurrentes contaban historias, chistes u ocurrencias de todo tipo, arrimados a las brasas e iluminados por la luz blanquecina reflejada en la cara del tallo o rama seca del brezo o de la urz.